¿Vale la pena protagonizar el cambio de paradigma?



A veces, mientras copa la consciencia el cansancio, el sufrimiento, el fastidio incluso, brota la legítima pregunta si vale la pena insistir en el esfuerzo de exigir al Estado respete efectivamente nuestra dignidad, nuestra naturaleza esencial, y corrija vulneraciones y negligencias presentes.
El Estado no tiene facultades para interferir el libre desarrollo del espíritu de personas y comunidades; sin embargo lo hace, la mayoría de las veces ignora que lo hace, pero lo está haciendo, en frente nuestro, causándonos daño.
El Estado no habilita a sus representantes para relacionarse con la ciudadanía a través de un vínculo que le reconozca como un ser humano con explícita dimensión espiritual, a quien debe atender integralmente y respetar; no sólo un número, ni un sujeto más a someter a un determinado procedimiento. Tampoco trata con dignidad suficiente a los propios servidores públicos, como para exigirles nada, peor aún, proliferan ejemplos de pérdida de probidad y rigor ético en el comportamiento de sus altas autoridades institucionales. Se causa daño y degrada gravemente la función pública también.
He ahí buena parte del agobio, se establecen relaciones entre las instituciones y la comunidad, entre las personas, superficiales, limitadas, ignorantes de lo que implica, en la práctica, reconocer la naturaleza espiritual humana; y se produce un roce, que daña, que humilla, que no es digno, que no es fácil de soportar ni aceptar para quien es consciente de ello, bueno, también para quien no lo es, aunque desconozca la fuente de su propio sufrimiento o insatisfacción.
En ese escenario, no siempre se logra, no siempre logro, sostener la altura, permanecer leal al presente, conectarme coherentemente a lo más esencial del momento, recuperar el sentido, y experimentarme finalmente como un ser humano privilegiado de poder estar viendo que es así como funcionan las cosas y que se pueden transformar; un Ser humano privilegiado de tener la oportunidad de participar de un equipo de profesionales que se ha dado a la tarea de, primero consigo mismos, constatar el efecto del trabajo espiritual sobre la consciencia, accediendo a experiencias de plenitud esencial; para poder ofrecer respuestas rigurosas, de promoción de la salud psíquica de la población y prevención de adicciones. Desafío profesional que nos ha llevado, en consecuencia, a hacernos cargo también, del deber de contribuir al ajuste evolutivo en la relación Estado – Ciudadanía, hacia ese respeto fundamental, precipitando el salto de paradigma cultural.
Cuando flaquea la capacidad de integrar todos los elementos de la realidad en la consciencia, invade la duda.
Sin embargo, al recuperar el eje, resulta fácil reconocer que es un privilegio -además de una responsabilidad- estar trabajando en esta naturaleza de objetivos y exigencia profesional.
Agradezco nuevamente entonces, poder estar aquí y ahora, frente a esta cámara, en este estudio, trasmitiendo esta mirada del momento evolutivo social actual, compartiendo con ustedes elementos que les permita conocer más del tránsito que hoy protagonizamos desde el mecanicismo hacia la cuántica en la política pública, en las relaciones humanas todas.
Y hay muchas señales alentadoras, algunas muy recientes, otras no tanto.
¿Sabía usted, por ejemplo, que funcionarios del Gobierno Regional Metropolitano de Santiago y la Intendencia, hasta hace poco, estuvieron participado de momentos para el desarrollo de la cualidad de la percepción, empleando técnicas meditativas, como estrategia para mejorar la calidad de vida laboral y recuperar y profundizar el sentido de Servicio Público?
¿Sabía usted, que en el Congreso Nacional, en la oficina del Diputado Florcita Alarcón, en un horario acordado, se hace un stop! a las actividades y se disponen todos los integrantes de su equipo y los visitantes del momento a realizar una práctica de meditación que el mismo Diputado conduce para afinar y nutrir el espíritu, irradiando consciencia en ese lugar?
¿Sabía usted que entre el 2012 y el 2013 se desarrolló en el Senado de la República, con el patrocinio de su Vicepresidencia y varios Senadores de diferentes bancadas, la iniciativa ciudadana llamada “Consciencia para el Desarrollo Humano en las Políticas Públicas” desde la cual se realizaron una serie de jornadas con el propósito de “Promover el desarrollo de la comprensión acerca de la condición humana y la trascendencia de ésta en las políticas públicas, en el contexto de la contingencia nacional, a través de la conducción de un proceso reflexivo profundo (…) en materias de desarrollo humano, que permita nutrir con información relevante los diferentes espacios de influencia donde se definen y generan las estrategias y políticas del servicio público”? ¿Qué tal? Se contó para ello con el patrocinio y respaldo de universidades, académicos, organizaciones de base… existen actas muy interesantes de este hito, y sin duda, buena proporción del respeto alcanzado frente al trabajo desarrollado por nuestro equipo de parte de destacados responsables, juristas, periodistas, médicos, académicos, escritores, políticos, legisladores, ciudadanos, se nutre de las esencialmente ricas experiencias vividas durante esas jornadas. Fueron momentos luminosos y fructíferos aquellos.
Mismo ha sucedido a propósito de la realización entre el 2015 y 2017 de cuatro Jornadas de Integración Ciudadanía - Justicia, organizadas por el Equipo Triagrama en coordinación con el Poder Judicial, con la participación de Ministros de la Corte Suprema y de Apelaciones Regionales, representantes de la Defensoría Penal Pública, la Fiscalía y las Policías, además de otras autoridades, legisladores, responsables, ciudadanos; llevadas a cabo, en los salones del Senado en Santiago y de las Cortes de Apelaciones de Concepción y de Talca, a fin de irradiar el fondo que da sustento a los avances jurisprudenciales alcanzados a través de los fallos absolutorios de la Corte Suprema frente a la incorrecta aplicación de la ley 20.000 de control de narcotráfico, ante conductas realizadas en el espacio de soberanía personal consagrado en Chile para el ejercicio de la libertad fundamental sin lesividad.
Mismo fondo que pretendemos profundizar y consolidar a través del Recurso de Revisión presentado en favor del Dr. Milton Flores –del que ya les hemos comentado anteriormente- y que está actualmente en tabla en la sala penal de esta Excelentísima Corte.
¿Sabía usted que en estas y otras materias también (medioambientales, de derecho a la salud, por ejemplo), la Corte Suprema está generando importante jurisprudencia, contribuyendo a precipitar este ajuste evolutivo? Amén que se siga avanzando en misma dirección.
Existen otras muchas experiencias logradas, en educación, salud, reinserción social de jóvenes y adultos, desarrollo comunitario y organizacional, que esperamos poder compartir con más detalle en otras oportunidades.
Como vemos, hay buenas noticias. No queda más que sobreponerse a los momentos de zozobra, recuperar perspectiva, valorar lo ya logrado, y sin más escusas ni autocomplacencias, reconocer que sí vale la pena ir por más, y que existe además, un imperativo ético profesional detrás, ineludible.
Y usted que se ha dispuesto a escuchar hasta acá, ¿se ha preguntado si vale la pena pasar por los momentos de sufrimiento que le tocan en la interacción con la vida misma? ¿Está usted aportando a que la cosa cambie para todos, para mejor? ¿Se mira a sí mismo, misma y se cultiva para ser mejor persona para este mundo? ¿Busca el bien común o… a penas le está alcanzando para un nosotros pequeñito?
Somos los protagonistas de esta transición evolutiva social, mantengámonos en consciencia de aquello, no solo se trata de derechos, se trata de deberes esenciales también.
Hasta pronto.
Gracias.

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